Natalia Gómez López, socióloga.

Amazonas, una lección de Encanto.
“Llevaba una vida habitual en la ciudad de Bogotá, ésta representaba mi zona de confort. Esa zona donde nos sentimos abrigados y “seguros”. Mi vida abarcaba todo aquello que conocía, estaba ahí donde me sentía a gusto. No obstante, no era lo que quería y simplemente un día me decidí…

En el 2011 decidí ir al Amazonas. Ese viaje significó muchas cosas en mi vida. Primero, este viaje me mostró nuevas formas de sentir y vivir la vida. Acercarme a una comunidad indígena transformó mi manera de ver la vida de un modo diferente. Segundo, como persona adquirí múltiples aprendizajes, que creo que no son comparables con casi nada en la vida. Y, finalmente, mediante esta experiencia tejí fuertes lazos de amistad que hoy en día se mantienen”

Daniela Osorio Castro, estudiante de lingüística.

“Soy Daniela, estudio Lingüística y por varios semestres consecutivos hice parte del grupo de estudios amazónicos Yauda. El grupo me ofreció la posibilidad de acercarme a la realidad amazónica tanto desde un punto de vista teórico como práctico. En las sesiones de estudio pude aprender sobre diferentes aspectos sociales e históricos, pero lo que más me motivó fue que dichas palabras no se quedaban sólo en el aire.

Gracias al grupo pude entender muchas posturas y dinámicas de las comunidades indígenas, especialmente de la de Puerto Refugio (porque hay que hacer la salvedad que no todas funcionan de la misma manera), de una manera que ninguna conferencia sobre antropología logra. De hecho, lo que más me motivó a hacer parte del grupo fue aprender esa gran diferencia entre el mundo que te pintan en la academia y el mundo real. El grupo, además, me mostró que es posible llevar a cabo las ideas. Me enseñó que es necesario empoderarse de las propuestas que se hacen para que, con trabajo y dedicación, pueda materializarse cualquier proyecto.

Haber podido viajar a Puerto Refugio y entrar en contacto directo con la gente fue una experiencia maravillosa que espero repetir. Gracias al grupo tuve la oportunidad de conocer una realidad distinta y al mismo tiempo similar a la mía, y a mi parecer eso es lo que más enriquece.”

Camilo Pinzón, médico y miembro de la Fundación Yauda.

“Mi experiencia como médico voluntario tuvo que ver con el acompañamiento a los proyectos de la conmemoración de las Caucherías y el Pre-ICFES en el internado educativo de San Rafael, Amazonas. Básicamente en el primer proyecto colaboré con la logística y estuve pendiente de la salud de los miembros del grupo.

En el segundo proyecto fui parte activa del proceso, ya que realicé talleres de matemáticas y biología a estudiantes de  últimos años de colegio. En síntesis, hice todo lo pertinente para realizar mi labor como médico, por eso me encargué de preparar el botiquín de primeros auxilios, así como consolidé las historias clínicas de los miembros del grupo de voluntarios, quienes estuvieron dispuestos a colaborarme.

Todo este maravilloso proceso contribuyó a mi formación como médico y a la experiencia de campo que se requiere en el campo de la medicina. En el Amazonas se ven patologías comunes como la malaria y el dengue, y esto hace que el voluntariado en medicina requiera diversas acciones, pues no solo implicó desarrollar un proyecto específico, sino estar preparado para las contingencias que se tienen durante los viajes de campo. Por ejemplo, tuve que recetar medicamentos para el dolor y antibióticos”

Daniela Acosta, estudiante de antropología.

“Mi participación en Yauda me ha permitido aplicar lo que he aprendido en la universidad y ponerlo al servicio de la sociedad. Estar en Yauda me ha permitido centrarme, no solamente en la línea de pensamiento que le imparten a uno en la universidad, sino también buscar otras fuentes de conocimiento, pues al trabajar con la comunidades indígenas me he dado cuenta de que el conocimiento es mucho más amplio de lo que he podido aprender en una cátedra o en una clase. También ha sido una forma de anclar varios de mis intereses, especialmente uno de los más importantes para mí a nivel académico, que es el entendimiento de la vida.

Por tal razón, estudio biología. Nosotros, los seres humanos también estamos vivos, y tenemos una noción del mundo externo, así que es importante tener en cuenta que la convivencia con la naturaleza, el contexto y nuestra forma de vida influye, por ejemplo, en la estructuración del lenguaje y el pensamiento. Otro punto que yo considero vital es la justicia. La historia de los pueblos indígenas me hace pensar que uno debe tratar de reivindicar sus conocimientos y Yauda me ha permitido hacerlo ya que he aprendido mucho con el grupo. Yo considero que no debe existir una hegemonía en el pensamiento, porque creo que las comunidades también tienen sus formas de conocimiento, son diferentes, pero no por eso son menos válidas.

Yauda me ha permitido interpelar ciertas cosas con las que no estoy de acuerdo en la sociedad y que creo que se pueden transformar a partir de la posibilidad de compartir con comunidades indígenas y estudiantes de diferentes disciplinas. Todo esto me lo ha permitido Yauda”. Por Jeraldine Castro, coordinadora del Grupo de Estudios Yauda en la Universidad Nacional de Colombia.

“Yauda ha sido uno de los momentos que más han marcado mi camino tanto personal, como profesional. El compartir con la gente, sorprenderse con los espacios, personas y momentos en comunidad, abrieron mi mente y así mismo las ideas que empiezan a caminar con el apoyo de las comunidades. Con la experiencia en campo he aprendido que no hay un único conocimiento, que no hay un único sujeto, que no hay destinos fijos, ni creencias fijas, que dejarse sorprender implica vivir con la gente y caminar con ella, que es posible crear, generar y transformar ideas que se materialicen en el territorio.”